Dolores y Tempestades
Dolor tan fino que no puede ser pausado.
Paulatinamente olvidado.
Desértica tempestad, has sido obligado a pasar tus días en soledad.
En la nada, cruel nada, te dejé tomar mi mano entonces para acompañar a tu
noble corazón, noble ser.
Mas cuenta no me di que atrapados nos hallábamos en este oleaje.
Reír podía al mecerme en el agua, pero hacia los dedos de mis pies espinas emergían
Te rogué salir, mas con rudeza y arrogancia me tomaste para en las espinas fundirme.
Burbujas rogantes de oxígeno, pulmones adoloridos.
Rogué que no me dejases, dado que nadar yo no sabía.
Un beso me diste y subiste a la arena de la playa, soleado estabas, con un bronceado en
tu pecho, el cual alguna vez me resguardó.
No te veía como mi héroe, como solía hacer.
No eras nada.
Arranque las espinas de mis pies como de mi pecho tierno, un amor juvenil traicionado.
Me desplace a duras penas, como podía.
Al llegar a la para mi, sucia arena, sufrí al caminar descalza, te vi entonces
de la playa alejándote.
Te perseguí, te pregunté por qué a dónde ibas, nunca me decías.
Ya que este planeado no había sido este paseo
únicamente te seguía, sin saber, ciegamente.
Solo me sonreíste, confundida y aterrada te miré.
Pensé en irme, me volteé para retirarme
y afirme jamás, jamás a tus brazos volvería.
Pero de la mano me agarraste, un beso agridulce me diste.
Entonces, te abrace.
Me dejé guiar.
Hasta que en el agua me sumergiste nuevamente.
Terminándome de hundir de una vez por todas.
Yacía ahí forcejeando, entonces.
Finalmente, ahogarme lograste
te fuiste
y nadie nunca
nunca más
por mí vino.


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