Fisuras
"Tu eres la tristeza de mis ojos que lloran en silencio"
En memoria de mi abuela fallecida Dominga, mujer que lleno corazones con su dulzura y encanto natural como un brillante ser humano que aporto a nuestra familia la ternura encantadora, primorosa
Madre, madre de toda madre, la abuela, esa mujer que nos cuida como
si fuésemos su primogénita pero con engreimientos, abuela dulce, tierna, serena, contenta...
Yo hace varios años que había perdido a quien era la luz de mi vida en sendero cruel de lo que vendría siendo la realidad, aquellas faldas marrones, tez tersa, linda, brillante, ojos achinados como unos soles en eclipse con la media luna...
"Como quisiera que tu vivieras..."
En una familia que se había iniciado como tal en la ciudad de Juliaca, mi abuelo Hugo era un hombre de inmensa habilidad en las palabras, un excelente líder, quien conocería a Dominga, mujer de corazón y energía estupenda que acompañaría a Hugo en su juventud, teniendo así fruto de su amor dos niños, Chino y "Malon".
Chino seria el segundo hijo, el menor, un chinito de cabellos como pequeñas púas, alegre, pero tímido, este vendría a ser mi padre.
Malon seria el hijo mayor, primogénito de Dominga y Hugo, algo mas serio, sarcástico, este seria mi tío Víctor.
Al ser familia pilar básico de la sociedad, como unidad, entonces prefiero mencionarlos, porque son y han sido importantes en mi desarrollo como personas.
Retornando al tema principal de este primer capitulo e inicio...
Ella había sido quien unía a mi extensa familia, mis padres, tíos, tíos lejanos, primos, a sus sobrinos, etc...
La alegre vibra se vería decaída cuando yo tendría entre 4 o rondando los 5 años de edad. El maldito y asqueroso cáncer habría poseído el cuerpo gentil de mi abuela a fechas cercanas de Navidad o Noche Buena.
Lamentablemente aunque se haya tratado de toda clase de métodos para combatir la plaga que aquejaba a nuestra familia, y que nos hizo unirnos a penas de un hilo, acabo con quien mas amábamos, el pilar de la familia.
Cerca a Navidad, viajando a ver ya sepultada a la madre de mi padre Chino, llorando, sin entender que sucedía, porque a pesar de entender algo a medias del concepto de la muerte, me asustaba.
Una pequeña sombra negra estaría cercana a mi pequeño y débil cuerpo, mi mentalidad a partir de esos días cambiaria de forma sorprendente, no seria tan alegre a lo cercano a esa fecha, entre el 18 de Diciembre del 2011 todo habría sido doloroso.
Desde ese día sentía un pesar inmenso que me acompañaría a mis últimos años de niñez, y primeros años en la loca pubertad.
Con el tiempo lo he sobrellevado, pero como mencione, este relato no va de ahora, va del antes, y del proceso para llegar a lo que llamaría tranquilidad
La vida empezaba a sonar como una ligera sonada de guitarra con impulsos y agarres tenebrosamente fuertes, decayendo en gracia con sutileza asfixiante...
Como me comentaron algunos familiares, en el proceso de duelo por el fallecimiento de mi abuela Dominga había tenido visiones, donde decía poder verla, oírla, verla con aquella falda marrón y su chompita de tela, su expresión suave y cálida...
"Abuelita, abre la perilla..."
Mis sueños de niña se volvían pesadillas oscuras, con trasfondos dolorosos, llenos de escenas de llanto y sangre.
Gritos de ayuda.
Me costo años recuperarme de la perdida, a pesar de eso la mas afectada fue mi madre quien tuvo un vinculo fuerte con su suegra Dominga, eran confidentes, amigas y compañeras.
Unos impulsos y ganas de huida, impulso cruel que nos da la vida para no lidiar con lo que tenemos que lidiar, mas no queremos.
Huir, era lo mas cobarde y a la misma vez lo mas respetable que un humano podía hacer.
Amaba a mi madre, a mi abuela la quise muchísimo, pero mi madre estaba haciendo lo mas increíble que podía hacer, que para mi era el hecho de seguir aquí, intentar pese a que todo se veía inmensamente roto, problemático, se esmeraba por mejorar en esta humillación que nos quería hacer pasar la vida, el mundo, lo que sea que nos estuviese sucediendo, lo pasabamos juntos.
Claro que mucho había cambiado desde el 2011, pero todo parecía ir de peor a mejor, mejor a peor de veces en cuando, pero a final de cuentas estábamos
De la recaída a una leve decaída que podía continuar si subíamos la cabeza, nos enderezábamos y adelante sin mas que decir.
Según me plantee al comenzar este escrito era que seria muy sincera en mis palabras, en lo que sea que viniese a la mente y al alma estaría plasmado aquí mismo.
Mi madre era una guerrera, era alguien quien pudo en algún momento estar con la cabeza en las nubes como todo joven, pero no, se paro y comenzó a golpear, deshacer las nubes como pequeños restos de almohadones, con tanta fuerza, rapidez como pudo, así los almohadones en lugar de plumas llevasen espinas, ahí la veías con esa alta determinación que la caracteriza, haciendo trizas lo que quisiese desmoronarla. Pese a esto, ella era una mujer sensible, cariñosa, empática, doliente, tenia demasiadas heridas por sanar.
Una amante del rock antiguo, del rock argentino, del que se le presente, fan de Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Pedro Suarez Vertíz.
Mi padre no era ajeno a este vinculo fuerte, el me oía, era el hombre en el que podía abrazarme y soltar mis sentimientos, derramar lagrimas para luego reírnos de un chiste interno de solo nosotros dos, las risas que te fortalecen.
Mi hermano, llamado Leonardo, era un niño gracioso, curioso, no llego a conocer a mi abuelita, sin embargo tenia el mismo pensamiento que yo sobre su fallecimiento.
"Es lamentable que Dios se lleve justo a los más buenos"
Nos reíamos a altas horas de la madrugada mientras contábamos anécdotas, solíamos compartir cama, comíamos alguna que otra cosa que trajéramos de la cocina y conversábamos por horas hasta quedarnos dormidos.
Y si alguna vez llega a leer este libro, quiero que sepa que a pesar de mis enojos, rabietas, discusiones tontas con el, es lo mas importante para mi, porque si tuviese un hijo ojala tenga la dicha que sea tan gracioso y único como mi hermanito.
Finalizado este primer capitulo donde les he contado desde el lugar mas recóndito de mi alma mi dolor y pesar les agradezco.


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